Colecho. Colechar. Colechamos

Yo he empezado a colechar por necesidad. Igual que muchas otras cosas en mi vida relacionadas a la crianza.

Mi hijo mayor, tenía poquitos días de nacido.
Vinimos del hospital, yo con una raja de una cesárea innecesaria dolorosa que no me dejaba moverme con facilidad, mi cama que era súper bajita y una cuna colgante maravillosa, que había hecho Papalito y que tenía los lados opacos porque era de tela, con lo cual no nos dejaba verle desde la cama, me llevaron a replantearme qué íbamos a hacer.

Ya saben las mamás primerizas, lo mucho que observamos al bebé. Los miedos extremos de si respira, si se mueve, si hace un gesto, si… y entonces, como lo perdamos de vista un segundo, es posible que se nos muera y que no hayamos estado atentas. (Lo digo en modo irónico…aunque en esos momentos, yo al menos era lo que pensaba, en la muerte súbita y en que sería la peor madre si ese pequeño me necesitaba y yo no estaba atenta el 100% del tiempo).

Y entonces llegamos a casa, me senté en la cama, me pasaron a Noah, lo puse mis brazos, le dí teta y le acosté de lado pegadito a mis piernas mientras yo permanecía sentada. Y ahí pasé el día, porque no podía hacer ni gesto de levantarme, porque no podía. Y llegó la noche y me eché, a su lado para dormir.
Aún me sentaba para darle el pecho durante la madrugada, le sacaba los gases y nos volvíamos a echar. Mientras tanto, nosotros aprovechábamos de besarlo, de darle cariños, de oirle respirar, de olerlo, ayssss cómo olía… y empezaron los comentarios al tercer día.

Si le dejas en la cama…ya verás…no le sacas nunca…
Si no le echas en su cuna, se va a acostumbrar y luego no habrá manera de llevarlo a su propio cuarto.
Si se acostumbra a que le atiendan según abre los ojos, se hará un tirano, no tendrás vida…
Si le malcrías desde chiquito, ya verás…

Y un sinfín de cosas que las oía y lo único que me servían era para que llegase nuestra pesadilla, la señora “CULPA”, de que lo estaba haciendo mal, aunque no fuese mi sensación.

De nada me servía que no me apoyaran, de nada me servía el que no pudiera ni levantarme de la cama dignamente, de nada me servían esos comentarios que me sabían a un ataque abierto en contra de mis instintos, aún sabiendo que me lo decían con todo el cariño y las buenas intenciones, (porque lógicamente, a casi todos nos criaron diferente).
Y como siempre, son los consejos no pedidos, no deseados y que te pesan como una piedra en los hombros. Porque al final, cada cual cría a sus hijos e hijas como quiere, puede y desea.

Así que cogí el teléfono y llame a Louma y casi llorando le dije:
Louma, no sé que hacer! No tengo fuerzas para levantarme de la cama a echar a Noah en su cuna, porque me duele la herida de la cesárea. Mi cama es bajita, me es imposible ponerme de pie rápidamente, no le veo desde la cama, estoy estresada, porque al final, le tengo metido en mi cama y ahí pasamos el día entero!

Louma, que habla siempre despacio y que parece que siempre está en modo zen, me dijo… se llama colechar! Y es lo mejor que puedes hacer. Hacerte a ti, hacerle al bebé y hacerle a Papalito.
Es lo más natural del mundo, además de sano.
Y sino, sigue tus instintos y deja de excusarte conmigo, ni con nadie…es tu bebé y es tu familia.

Y así sin más, me relajé. Busqué información en internet claro… leí, releí y releí. Me empoderé. Me dió fuerza, bases científicas y algo con lo que sentirme segura para decirle al resto del mundo, que respetaba sus opiniones, pero que nosotros, en nuestra nueva familia, había decidido hacerlo de esta manera y que para nosotros esto era lo nos daba felicidad.

Cuando estás seguro de algo, no hay quien te pare. Aunque no sepas explicarlo con palabras, sabes que es lo que quieres y con eso es suficiente.

Y aunque en la RAE no tengan el significado, aquí lo dejo para que sepas de lo que hablo.
Colecho

Ahora, que somos cinco, seguimos colechando y NOS ENCANTA!

Tenemos dos camas de ikea del modelo MALM juntas de 1,40m de ancho y 1,60m y entramos cómodamente los cinco, cada uno en su espacio. Entre las dos camas hemos puesto cojines que llegan a la altura de ambos colchones y como ya no crecerá la familia, esperemos que decidan algún día irse a su habitación, cuando se sientan seguros, aunque no tenemos ninguna prisa. (ya me veo llorando por los rincones cuando decidan irse, pero seguro que haré otro post al respecto).

Ahora que llevamos varios años colechando, les puedo confirmar que casi todo son ventajas (excepto cuando se ponen malos de la tripa, que alguno vomita y toca cambiar sabanas y levantarles a los demás) pero por lo demás, es lo más cómodo del mundo.
Si te necesitan, solo con saber que estás al lado, se relajan enseguida. A veces con ponerles la mano calentica encima de la tripa, dejaban de llorar o de estar nerviosos.
Se hacen mas tolerantes y duermen mejor. Si alguno llora, los demás siguen dormidos, o concilian el sueño sabiendo que la cosa no es con ellos.
Si están malitos, les oyes, les ayudas, les atiendes a la primera. Y duermes mejor, porque no te levantas ochocientas veces a confirmar si están bien, si están destapados, en posiciones imposibles o si se han caído de la cama. O ajustar tu oido, porque no estás seguro de si te están llamando y no les oyes.
Potencia los vínculos familiares, entre padres e hijos.
Y en mi caso, que lactamos aún, es más sencillo, porque me destapo el pecho y el peque enseguida lo busca y mama, yo a veces, la verdad es que no me despierto… (y muchas veces me despierto con la teta al aire, fresquita fresquita…).

Vosotr@s que tal? Colechais?

Fotazas de @juliapuigsoto