¿Cómo me relaciono con los demás?

Esta mañana estaba pensando en cómo nos relacionamos con nuestro entorno. Familia, pareja, amigos, gente desconocida…
¿Somos amables con los peques o gritamos y perdemos la paciencia y el respeto a la mínima?
Si te piden la hora en la calle, o si tu hijo te pide que le pases algo que tienes a mano, ¿lo haces o le dices que se lo haga él mismo? Te da igual y pasas?
¿Compartes tus cosas?
¿Sueles darte cariño con tu pareja frente a tus hijos? Te interesa cuando te habla de sus cosas? ¿Empatizas cuando alguien te cuenta algo o pones tu ejemplo por delante sin oir lo que te están diciendo?
¿Cuidas de tus amigas, les preguntas de su día, les ayudas?
¿Llamas a tus padres para ver que tal están? ¿Llamas a alguien para saber si necesitan ayuda alguna vez?
¿Sonries, y ries de hacer tonterías o de las que hacen tus hijos e hijas?

Mucho se habla de cómo hacer para que nuestros niños y niñas sean de equis manera, actúen de equis forma, hagan esto o aquello, como si fuesen de nuestra pertenencia y fuésemos sus jefes, no sus padres, ni sus acompañantes o guías. Y a veces, todo esto es solo para que “se comporten” frente a otros nada más.

Y pensaba, que es muy triste que estamos perdiendo el interactuar estando con los demás, con nuestra familia, amigos, con los abuelos, con la gente que quieres o incluso la que no conoces. Aprendiendo, empatizando, escuchando, criando, compartiendo, creando vínculos y siendo fiel a uno mismo.

Entonces, pensé en nuestras relaciones en casa. En cómo trato a mi pareja, en cómo me trata él a mí. En cómo nos deben ver los peques desde su visión y lo que entienden y asimilan.
Pensaba en cómo les trato, en cómo trato a mis padres, a mis suegros, a mis amigas, amigos, a sus hijos, a la cajera del supermercado, al señor que limpia la calle afuera, a la gente que escribo por mensajería, incluso por internet (donde siempre prefiero dejar cosas buenas, bonitas y decir siempre las cosas lindas que pienso, porque es como me gustaría que me tratasen).

Cuando hicimos el curso con Naomi Aldort, nos dijo algo así como:
Cuando hay un invitado en tu casa, preparas la cena (con la costumbre de cenar todos juntos) y esa persona está dibujando, o utilizando el ordenador… ¿Cómo le dices que venga a cenar?
Le gritas en modo, AQUI SE CENA AHORA, QUIERAS O NO…SINO… BLA BLA BLA…
O le dices amablemente, oye, nosotros solemos cenar juntos. Te vienes a cenar y luego acabas eso? O te esperamos un pelín que acabes y cenamos juntos?

Y nos decía… entonces por qué si a una persona ajena le tratas así de amable, no lo eres con tus hijos, o con tu pareja?
Y si viniera un extraterrestre a tu casa? Le tratarías mejor que a tus hijos?

¿No es para pensarlo dos veces? – risas –

Todas estas cosas tenemos que aprenderlas en persona y si queremos dejar una huella bonita en nuestras familias y que nuestros hijos e hijas sean personas amables, empáticas, sinceras, que no se burlen del mal ajeno, que sepan aceptar las diferencias, que intenten ayudar cuando puedan, que busquen los positivo de las cosas, que puedan ser bondadosos, pero para esto, primero tendrán que vivirlo.
Igual que el gran tema de debate, de COMPARTIR!

Otro día me dijo Tinus Wijnakker en otro curso de acompañamiento respetuoso, que el no sabía lo que era ser una persona violenta, o que le dieran ganas de pegarle a nadie, porque nunca lo vivió en su casa, ni alrededor de su familia. Solo pensé en la suerte que había tenido, que hay tantísimas familias diferentes, donde lo normal, no es esto.

Así que pese a las diferencias que haya en nuestras casas, seguro que podemos empezar hoy mismo a escuchar sin juicios, a estar presente cuando nos hablan, a ser más amables con los demás, a cambiar nuestro pequeño mundo, para que este revierta a futuro en el el mundo exterior.

Me apunto la primera a preparar la mesa bonita, pero no para que venga un extraterrestre a cenar!

risas –

 

Fotos de @juliapuigsoto